Los ácaros fitófagos, como Tetranychus urticae (comúnmente conocida como ‘araña roja’) están ganando protagonismo en cultivos hortícolas mediterráneos como son el grupo de hortícolas bajo plástico, como el pimiento, pepino o berenjena.
No es solo una cuestión de presencia. El cambio en las condiciones de cultivo (más temperatura, más estrés hídrico y ciclos cada vez más cortos) está haciendo que su control sea más complicado y que aparezcan antes y con más intensidad.
Cuando las poblaciones se establecen, el daño es claro: pérdida de vigor, menor fotosíntesis y afección directa a la calidad del fruto.

Por eso, el manejo ya no puede basarse en intervenir tarde. La diferencia está en detectar antes y, sobre todo, en cómo se construye la estrategia desde el inicio.
En este contexto, el control biológico deja de ser una opción para convertirse en una base del manejo. El uso de depredadores como Phytoseiulus persimilis permite contener las poblaciones desde fases tempranas, evitando que el problema escale y manteniendo el equilibrio del cultivo.
A partir de ahí, el refuerzo con herramientas compatibles como Naturalis permite actuar cuando es necesario sin romper ese equilibrio, algo cada vez más importante en sistemas donde las soluciones de choque son menos efectivas o más limitadas.
Hoy el reto no es solo controlar ácaros, sino hacerlo sin desestabilizar el cultivo. Y en ese escenario, la estrategia marca mucho más la diferencia que la intervención puntual.


